Hacía ya muchos años que no sentía atraído por alguien de un modo similar. Su fragancia fresca, suave y delicada aún persiste en mi olfato y parece no querer ser olvidada. Tan solo pude admirarla unos minutos mientras paseaba por una de las calles principales de la ciudad. Lucía un ligero vestido violeta y el sol avivaba el color cobrizo de su cabello ondulado e iluminaba su suave piel blanca. No pude escuchar su voz pero puedo asegurarme a mi mismo que debe entonar una de las más exquisitas melodías jamás creadas.
La seguí silenciosamente a lo largo de la calle.
Andaba sola y se dirigía con decisión a su destino. Llevaba una carpeta marrón algo gastada en su mano derecha y pude intuir que llevaba un informe importante. Parecía que todo se abriese a su paso en aquella ciudad siempre transitada, caminaba segura de sí misma y no tardó en llegar a su meta. Poco tuve que aguardar para descubrir algo de aquella dama. Al llegar al portal 53 sacó aquello que llevaba guardado en el portapapeles y se lo entregó a quién le abrió la puerta.
Bajo el documento había un nombre... Simone Winters.
La seguí silenciosamente a lo largo de la calle.
Andaba sola y se dirigía con decisión a su destino. Llevaba una carpeta marrón algo gastada en su mano derecha y pude intuir que llevaba un informe importante. Parecía que todo se abriese a su paso en aquella ciudad siempre transitada, caminaba segura de sí misma y no tardó en llegar a su meta. Poco tuve que aguardar para descubrir algo de aquella dama. Al llegar al portal 53 sacó aquello que llevaba guardado en el portapapeles y se lo entregó a quién le abrió la puerta.
Bajo el documento había un nombre... Simone Winters.
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