jueves, 30 de junio de 2011

De pronto estaba fuera de aquel local de mala muerte embutida en un vestido que me había comprado días atrás y casi no me dejaba respirar. Tenía la sensación de que pronto los lazos de la espalda se desgarrarían y dejarían al descubierto mi espalda y de que aquellos tacones de aguja acabarían por romperme uno de los tobillos. No podía dejar de maldecir el momento en el que acepté aquella invitación. Era una locura, ni siquiera había caminado por aquella calle jamás y mi única pista era un mapa pintado con tinta azul sobre una servilleta. ¿Qué estaba haciendo? Había perdido de vista el norte.

Giré a la izquierda y me encontré en una calle estrecha, iluminada por dos bombillas intermitentes que mostraban el nombre del local al que me dirigía. Había llegado... ¿y qué? ¿Qué debía hacer? Me apoyé sobre la pared y respiré profundamente: no era momento de ponerse nerviosa, no iba a dar vuelta atrás. Alguien abrió la puerta y se puso de brazos cruzados a mi lado. Era un hombre alto y calvo, con cara de pocos amigos y supuse que se trataba de uno de los porteros o el único, posiblemente tan solo bastaba él para infundir miedo a los entrometidos y curiosos de turno.

En escasos minutos pasaron delante de nosotros varias parejas y grupos reducidos, todos vestían similar y parecían personajes extraídos de novelas de fantasía paranormal. Sentí una mano sobre mi hombro y di un respingo.

– Has venido.– dijo dedicándome una de sus mejores sonrisas de nuevo.
– Siempre cumplo con mi palabra.– respondí inquieta.

Acto seguido saludaron amistosamente al portero y éste demostró ser humano al sonreír abiertamente a mis acompañantes. Bajamos por unas escaleras y entramos en el local. Era grande y bastante oscuro, parecía una sala de baile victoriana bañada en luz carmesí. De pronto se escuchó un gran estruendo y se apagaron las luces.

Fue entonces cuándo pensé: “¿Quién me mandaría aceptar la llamada de la curiosidad?”



P.D: Sí, parece que al fin aquello que dejé hace años atrás vuelva a coger forma. *Fragmento extraído de mis páginas ya no olvidadas.


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