Recuerdo aquella fría mañana de invierno como si fuera ayer. Al despertar observé mientras preparaba el desayuno que el cielo era gris pálido y anunciaba que volvería a nevar. Era la Navidad de mi decimonoveno cumpleaños y aunque no iba a celebrarlo como deseaba, había decidido que aquel día iba a ser inolvidable. Siendo sincera, deseé con todas mis fuerzas que así fuera.
El tío Gareth me había pedido que fuera a su casa el día anterior, así que tras vestirme recorrí aquel camino de nuevo.
–¡Elienne, mi querida Elienne!– exclamó al verme.– ¡Mirad quién ha llegado!
–¡Elie, Elie!– gritaron Row y Alan al verme.– ¿Nos has traído algo, prima?
–Chicos, ¿jamás os cansaréis de pedir?– dijo Audrey dibujando una sonrisa en su rostro mientras se acercaba a nosotros con los brazos apoyados en las caderas.
Los dos hermanos se agarraron fuertemente a mi falda mientras reían e intentaban esconderse de las palabras de su madre. Les toqué la cabeza. El cabello rojo de Row y la cabellera dorada de Alan sobre mi ropa gris parecían la nota de vida en aquel paraje blanquecino.
Entré en su casa guiada por los niños y nos sentamos en la mesa de madera del comedor junto a la chimenea. Me encantaba el olor de aquel lugar, se respiraba mucha dulzura y además, familiaridad.
El tío Gareth me había pedido que fuera a su casa el día anterior, así que tras vestirme recorrí aquel camino de nuevo.
–¡Elienne, mi querida Elienne!– exclamó al verme.– ¡Mirad quién ha llegado!
–¡Elie, Elie!– gritaron Row y Alan al verme.– ¿Nos has traído algo, prima?
–Chicos, ¿jamás os cansaréis de pedir?– dijo Audrey dibujando una sonrisa en su rostro mientras se acercaba a nosotros con los brazos apoyados en las caderas.
Los dos hermanos se agarraron fuertemente a mi falda mientras reían e intentaban esconderse de las palabras de su madre. Les toqué la cabeza. El cabello rojo de Row y la cabellera dorada de Alan sobre mi ropa gris parecían la nota de vida en aquel paraje blanquecino.
Entré en su casa guiada por los niños y nos sentamos en la mesa de madera del comedor junto a la chimenea. Me encantaba el olor de aquel lugar, se respiraba mucha dulzura y además, familiaridad.
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