jueves, 7 de julio de 2011

Aquella mañana había decidido levantarme temprano. Tenía muchos quehaceres y no podía evitarlos bajo ningún concepto. Había acordado con la señora Meredith que llegaría a las ocho en punto a la estación para saludarla, a las nueve y media debía estar en la tienda del señor Thomas Morrison y recoger la nueva novela de Charles Dickens, a las diez debía entregar esos dichosos papeles que me había encargado Flitz y a las once le había prometido a Louisa que disfrutaríamos de un bello paseo cerca del río Támesis.

Tras tener el libro en mis manos me apresuré a llegar a una de las calles cercanas a Baker Street, allí se encontraba la oficina donde trabajaba Flitz y tan solo me bastó llamar a la puerta para que apareciera tras de ella con el rostro fatigado, no sería difícil imaginar que todo aquel papeleo suponía más trabajo y dedicación. Pobre Gerald, ni siquiera podría ver su familia hasta el anochecer.

A las once me encontré con Louisa que me abrazó con tal entusiasmo que parecía no haberme visto en años. Me puso al corriente sobre la situación de su madre y también me habló de cierto hombre que podría robarle el corazón en poco tiempo. Me habló de las maravillas que había visto en su último viaje y de lo que añoró no tenerme cerca para poder gozar juntas de todos aquellos asombrosos lugares.

-­­ ­Oh, querida Simone… ¡cuánto echaba de menos tu voz! ¡Sentía como si hubiera pasado un siglo sin tu presencia!


[...]


viernes, 1 de julio de 2011

Simone Winters

Hacía ya muchos años que no sentía atraído por alguien de un modo similar. Su fragancia fresca, suave y delicada aún persiste en mi olfato y parece no querer ser olvidada. Tan solo pude admirarla unos minutos mientras paseaba por una de las calles principales de la ciudad. Lucía un ligero vestido violeta y el sol avivaba el color cobrizo de su cabello ondulado e iluminaba su suave piel blanca. No pude escuchar su voz pero puedo asegurarme a mi mismo que debe entonar una de las más exquisitas melodías jamás creadas.

La seguí silenciosamente a lo largo de la calle.
Andaba sola y se dirigía con decisión a su destino. Llevaba una carpeta marrón algo gastada en su mano derecha y pude intuir que llevaba un informe importante. Parecía que todo se abriese a su paso en aquella ciudad siempre transitada, caminaba segura de sí misma y no tardó en llegar a su meta. Poco tuve que aguardar para descubrir algo de aquella dama. Al llegar al portal 53 sacó aquello que llevaba guardado en el portapapeles y se lo entregó a quién le abrió la puerta.

Bajo el documento había un nombre... Simone Winters.